California ha sonado durante varias décadas a punk. El sol golpeando en el cielo, las ruedas del skate surcando el asfalto y las tablas de surf jugando con las olas, mientras muchas bandas se protegían bajo la sombrilla de Epitaph, el sello discográfico fundado por Brett Gurewitz, guitarrista de Bad Religion.
Uno de esos grupos que salieron a la luz a finales de los 80 fue Pennywise, homenajeando al terrorífico payaso creado por el novelista Stephen King, con un punk, hardcore melódico, tan habitual de esas calles y playas, sin la fama internacional de otros paisanos, como NOFX, Blink-182, Green Day, The Offspring o los propios Bad Religion, pero con un directo demoledor y son autores de uno de los himnos más representativos del género.
Con este enorme legado se presentaba el cuarteto estadounidense en su gira por la Península Ibérica, una parada poco habitual en sus tours, especialmente en Madrid, que convertía todavía en más especial su visita por la capital española.
Pennywise + End It + Bladders en la Sala La Riviera de Madrid, 1 de julio de 2026
Los madrileños Bladders fueron los encargados de calentar motores, en otro sofocante día en la capital. Su punk-rock fue una agradecida brisa sonora. Los siguientes en pasar por vicaría eran End It, procedentes de Baltimore con un hardcore tan crudo que el bajo parecía afilarse con los amplificadores. La peculiar voz de Akil Godsey ofrece un resultado final distinto a otros grupos del gremio.
Pocas presentaciones necesita Pennywise. A estas alturas de la película, ninguna. Peaceful Day sonaba a una cruel ironía, porque la pista de La Riviera se convertía en una improvisada zona de combate con pogos, crowd surfing, empujones, cuerpos sudorosos y gargantas que amenazaban con resquebrajarse.
A las canciones propias, como Same Old Story o Waiting, se le sumaban chascarrillos entre Fletcher Dragge y Jim Lindberg, confesiones políticas y proclamas anti-Trump, además de homenajes a un sinfín de grupos: por un lado, los improvisados al ver qué bandas llevaba el público en sus camisetas, y por el otro, algunos más preparados como el popurrí dedicado a NOFX o el Do What You Want de los admirados Bad Religion.
Tampoco podía faltar el tema homónimo Pennywise, también el Society, con los fans haciendo los coros e incluso una versión distinta del popularísimo Stand By Me, que empezaba calmado para transformarse en un vendaval que parecía difícil de superar. Pero sí, obviamente había una bala más.
Muchas canciones tienen el calificativo de himno, pero pocos himnos pueden calificarse en un nivel tan alto como Bro Hymn. Una catarsis colectiva, una gota de sudor cayendo lentamente mientras suena el bajo y crece un coro mágico donde grupo y público rompen la cuarta pared para unir el alma y cuerpo en esta oda afligida a la amistad ideada por Jason Thirsk, que con el paso del tiempo se ha transformado en un festivo homenaje póstumo a él mismo. De esas paradojas que tiene la vida. De esas contradicciones que tiene el punk.










