Nadie parece acordarse de ellas, pero gracias a aquellas cintas grabábamos los partidos, videoclips, conciertos y películas que forman parte de nuestra colección de recuerdos
En una época donde varios festivales han tenido que cancelar su cartel por falta de financiación público o privada y por falta de público, evidenciando que la oferta supera a la demanda y que el público demanda otro tipo de oferta, el Mad Cool sigue afianzándose como uno de los colosos en España, junto al Sónar y el Primavera Sound (ambos en Barcelona), el BBK Live (Bilbao), Festival Internacional de Benicàssim, el FIB (Castellón), el Arenal Sound de Burriana, también en la provincia de Castellón o el Resurrection Fest Estrella Galicia (Viveiro, Lugo), cuya apuesta metalera pasó de ser arriesgada a un rotundo acierto. Un camino que quiere emular el Rock Imperium, en Cartagena (Región de Murcia).
El Mad Cool, asentado actualmente en el distrito madrileño Villaverde tras su periplo por Valdebebas y la Caja Mágica, ha soplado las velas por sus diez años de música, diversión, gastronomía y entretenimiento. Todo ello bajo la atenta mirada de su característica noria, nuevo símbolo de la capital.
Para celebrar esta fecha tan redonda, la organización ha pasado de ofrecer tres días de actuaciones a los cuatro de esta edición. Más de 70 artistas y cinco escenarios donde disfrutar y vivir la música: un parque de atracciones musical para adultos con noria incluida.
Mad Cool Festival en Villaverde (Madrid), del 8 al 11 de julio de 2026
El cartel, tan variado como siempre, cuenta con cabezas de cartel como Foo Fighters, Moby, Florence And The Machine, Lorde, Twenty One Pilots, Kings Of Leon, Pixies, A Perfect Circle -el otro proyecto musical del cantante de Tool-, Nick Cave & The Bad Seeds, las tres hermanas mexicanas que forman el grupo The Warning, Arde Bogotá, que apareció por sorpresa bajo un seudónimo, Pulp o The Black Crowes, entre otros.
Un popurrí de bandas que han seducido a distintas generaciones, y a veces a las mismas, que se mueven entre el pop y el rock, entre el indie y la electrónica, entre los elementos más tradicionales a los más vanguardistas.
Y, en parte, es uno de los encantos del Mad Cool. Un lugar de reunión de fanáticos de la música que encuentran en varios días a algunos de sus grupos favoritos, mientras descubren otros que estaban fuera de su radar.
Dicen que la vida es una tómbola, y también una gran noria donde disfrutas del panorama para bajarte cuando quieres. Lo mismo que en el Mad Cool.
Los años 90 vivieron un repunte para el papel de las mujeres en el rock.
Varios grupos o solistas de distintos estilos, como The Cranberries, Hole, Skunk Anansie, Alanis Morissette, Portishead, Dover, The Cardigans, L7, Guano Apes y No
Doubt, entre otros, reinaron en el panorama musical con voces femeninas
liderando sus formaciones en ese decenio.
Garbage fue uno de ellos, con la polifacética Shirley Ann Manson al frente. Una escocesa pelirroja, al más puro estilo de la princesa Mérida en 'Brave', cuyo carisma contribuyó al éxito del grupo, convirtiéndose sus dos primeros álbumes 'Garbage' (1995) y 'Version 2.0' (1998) en auténticos referentes del rock alternativo, lo que les llevó a escribir, posiblemente, uno de los mejores temas principales para una película del agente 007 James Bond: The World Is Not Enough (El Mundo Nunca Es Suficiente).
Casi tres décadas después de su creación y con un reciente disco publicado, 'Let All That We Imagine Be The Light' (2025), el octavo de estudio del grupo estadounidense al que se le añade ese toque escocés de Shirley, como un buen trago de whisky, Garbage vuelve a Madrid, en esta ocasión, no al Mad Cool —su 'jardín' festivalero habitual—, y sí al Botánico, el rincón verde más doctorado de la capital.
Garbage en el Festival Noches del Botánico de Madrid, 5 de julio de 2026
El gran aval de la formación es la actitud rebelde de Shirley Manson, cuyo apellido es real y no tiene ningún vínculo familiar con el cantante apodado como Marilyn Manson, una casualidad que los llevó a conectar más allá de su imagen oscura. De hecho, ambos llegaron a trabajar juntos en una canción que nunca vio la luz.
Había empezado a anochecer cuando Garbage empezaba su actuación, bonita metáfora para este grupo de rock alternativo con múltiples variantes: como la música electrónica, el trip-hop, toques industriales, densos y tenebrosos. Un cóctel musical que bien venía para refrescar otra noche tropical. Y lo hacía tras la hermosa melodía que Angelo Badalamenti escribió para el personaje Laura Palmer de la icónica serie Twin Peaks. Otro guiño a los noventa y a la figura de la mujer misteriosa de la mano de David Lynch.
Mejor embrujo musical no podría haber escogido el cuarteto, convertido en este tour en quinteto con la presencia de Nicole Fiorentino, para este repaso discográfico personal, desde los años 90 hasta la actualidad, de una banda cuya fama sigue en el anterior siglo y no ha sabido, quizás, replicarlo en las últimas etapas.
No en vano, fueron más celebradas las apariciones de himnos como Stupid Girl (1995) o I Think I'm Paranoid (1998) que el fatalista There's No Future In Optimism o la pegadiza e industrial Hold (2025) con las que empezaron el set. Entre medias se cruzaban cortes que no eran tan antiguos ni tan modernos, pero que han calado hondo, como ese melancólico It’s All Over But The Crying (2005) o ese guitarrero Empty (2016).
Shirley no paraba de interactuar, bromear y hablar sobre la Copa del Mundo de fútbol, acerca de política, destacando la belleza de Pedro Sánchez, también había hueco en su discurso para el feminismo y el edadismo, centrado en la figura de Madonna, a través del tema Chinese Fire Horse, que le sirvió de excusa para mostrar su amor por Escocia y España, un país que siempre le recibe con calor, real y metafórico.
Shirley Manson abanicándose en su actuación en Madrid
La noche se prestaba también para un homenaje directo a The Cure en forma de Lovesong y uno indirecto a Joy Division con No Horses, cuya densa atmósfera post-punk puede recordar a un cruce entre Depeche Mode y Nine Iinch Nails.
Pocos artistas tienen esa vitalidad que posee Manson entre tanta atmósfera sombría y recuerdos tristes. Pocos artistas tienen el bagaje de Butch Vig, uno de los cerebros del grupos, además de productor, con un bagaje tan sobresaliente a su espalda como el 'Nevermind' de Nirvana, culmen del grunge, o el 'Siamese Dream' de Smashing Pumpkins, otro referente de la época junto a la ópera prima de Garbage.
Un dueto así, junto a los habilidosos Duke Erikson y Steve Marker, no podían decepcionar, por ello guardaron para el tramo final la artillería pesada que el público madrileño rugía por escuchar When I Grow Up y Push It. Haciendo vibrar a todo el mundo para luego meterlo en formol con esa adictiva confesión íntima llamada The Day That I Met God. Una lluvia de notas hechas con sintetizadores y entremezcladas con melancolía.
Para terminar, no podía faltar la ironía hecha temazo con un título tan sugerente como I'm Only Happy When It Rains, precisamente una crítica a ese grunge al que contribuyó Butch Vig a hacer internacional y con el que tuvo que pelear Garbage para sacar la cabeza desde los más profundo de la 'basura' a todos los rincones del planeta, aunque el mundo nunca parezca suficientemente grande.
Uno de esos grupos que salieron a la luz a finales de los 80 fue Pennywise, homenajeando al terrorífico payaso creado por el novelista Stephen King, con un punk, hardcore melódico, tan habitual de esas calles y playas, sin la fama internacional de otros paisanos, como NOFX, Blink-182, Green Day, The Offspring o los propios Bad Religion, pero con un directo demoledor y son autores de uno de los himnos más representativos del género.
Con este enorme legado se presentaba el cuarteto estadounidense en su gira por la Península Ibérica, una parada poco habitual en sus tours, especialmente en Madrid, que convertía todavía en más especial su visita por la capital española.
Pennywise + End It + Bladders en la Sala La Riviera de Madrid, 1 de julio de 2026
Los madrileños Bladders fueron los encargados de calentar motores, en otro sofocante día en la capital. Su punk-rock fue una agradecida brisa sonora. Los siguientes en pasar por vicaría eran End It, procedentes de Baltimore con un hardcore tan crudo que el bajo parecía afilarse con los amplificadores. La peculiar voz de Akil Godsey ofrece un resultado final distinto a otros grupos del gremio.
Pocas presentaciones necesita Pennywise. A estas alturas de la película, ninguna. Peaceful Day sonaba a una cruel ironía, porque la pista de La Riviera se convertía en una improvisada zona de combate con pogos, crowd surfing, empujones, cuerpos sudorosos y gargantas que amenazaban con resquebrajarse.
A las canciones propias, como Same Old Story o Waiting, se le sumaban chascarrillos entre Fletcher Dragge y Jim Lindberg, confesiones políticas y proclamas anti-Trump, además de homenajes a un sinfín de grupos: por un lado, los improvisados al ver qué bandas llevaba el público en sus camisetas, y por el otro, algunos más preparados como el popurrí dedicado a NOFX o el Do What You Want de los admirados Bad Religion.
Tampoco podía faltar el tema homónimo Pennywise, también el Society, con los fans haciendo los coros e incluso una versión distinta del popularísimo Stand By Me, que empezaba calmado para transformarse en un vendaval que parecía difícil de superar. Pero sí, obviamente había una bala más.
Muchas canciones tienen el calificativo de himno, pero pocos himnos pueden calificarse en un nivel tan alto como Bro Hymn. Una catarsis colectiva, una gota de sudor cayendo lentamente mientras suena el bajo y crece un coro mágico donde grupo y público rompen la cuarta pared para unir el alma y cuerpo en esta oda afligida a la amistad ideada por Jason Thirsk, que con el paso del tiempo se ha transformado en un festivo homenaje póstumo a él mismo. De esas paradojas que tiene la vida. De esas contradicciones que tiene el punk.